La manzana no es mi fruta favorita: mi fruta favorita es la naranja. Sin embargo, siempre he reconocido y aceptado la superioridad de la manzana.
La manzana es una fruta práctica; en general es resistente, fácil de llevar y de comer. Por más que me gusten, yo no llevaría una piña a una excursión ni comería guanábana en la oficina.
La manzana es versátil; sólo hay que pensar en ensalada de frutas con manzana, pie de manzana, compota de manzana, ensalada de pollo con manzana, manzanas al horno, manzanas deshidratadas, hasta licor de manzana.
Ahora bien, aquí descubrí que la manzana también es variada. En el mercado de los granjeros locales -en un mismo día- se pueden encontrar más de 10 variedades locales de manzana, y algunas variedades cambian a lo largo del año. Son similares en apariencia... pero las apariencias engañan. Y para probarlo, hoy fuimos al mercado, compramos 9 tipos distintos de manzana, y por supuesto... las comimos.
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Saturday, November 17, 2007
Wednesday, August 01, 2007
Fresas
Después de recogerme en el aeropuerto, Irena me llevó al supermercado. Todo el mundo parecía muy serio y quizás “amigable” es una de las últimas palabras que usaría para describirlos; extraño contraste con la hospitalidad de los Suecos que tuve la oportunidad de conocer más adelante en persona .
Ahora bien, el supermercado tenía una sección increíble de quesos, muy distinta a la escasa selección a la que me he acostumbrado desde que estoy viviendo en Seattle (queso tipo americano, queso mozarella tipo americano, queso chedar tipo americano). Bueno, estoy exagerando un poco, en algunos lugares de Seattle sí se consigue queso no-americano; digamos que me refiero al la oferta de los grandes supermercados.
La variedad de quesos y panes la esperaba. Lo que no esperaba era el sabor de las fresas. Cuando llegamos a casa Irena sirvió unas fresas pequeñas, redondas y de color rojo un poco oscuro, y aquí viene lo difícil de describir: no es que las fresas fueran más dulces que las que conozco, sino que sabían más a “fresa”, como si tuvieran el sabor concentrado. Irena me preguntó qué pensaba de las fresas, y yo le respondí que aunque eran más pequeñas, el sabor era mucho mejor que el de las fresas de Estados Unidos; Irena habla poco inglés, pero su respuesta fue bastante diciente: “american? chemicals, chemicals”
Ahora bien, el supermercado tenía una sección increíble de quesos, muy distinta a la escasa selección a la que me he acostumbrado desde que estoy viviendo en Seattle (queso tipo americano, queso mozarella tipo americano, queso chedar tipo americano). Bueno, estoy exagerando un poco, en algunos lugares de Seattle sí se consigue queso no-americano; digamos que me refiero al la oferta de los grandes supermercados.
La variedad de quesos y panes la esperaba. Lo que no esperaba era el sabor de las fresas. Cuando llegamos a casa Irena sirvió unas fresas pequeñas, redondas y de color rojo un poco oscuro, y aquí viene lo difícil de describir: no es que las fresas fueran más dulces que las que conozco, sino que sabían más a “fresa”, como si tuvieran el sabor concentrado. Irena me preguntó qué pensaba de las fresas, y yo le respondí que aunque eran más pequeñas, el sabor era mucho mejor que el de las fresas de Estados Unidos; Irena habla poco inglés, pero su respuesta fue bastante diciente: “american? chemicals, chemicals”
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